JUAN JOSÉ MILLÁS
Aromas
Hueles a martes, dijo la chica al chico en la mesa de al lado, al tiempo que yo pedía al camarero el gin-tonic de media tarde. Me acordé de mi madre, que era capaz de averiguar si venía del colegio, de los billares o del cine con un leve movimiento de la nariz. Y nunca se equivocaba. Se puede ir a los billares, al cine o al colegio cualquier día de la semana y casi a cualquier hora, ¿pero es posible pasar la tarde de un miércoles en un martes sin que se entere nadie? La idea abría un territorio completamente nuevo para el adulterio. Nada más excitante que engañar al domingo con el lunes o al sábado con el viernes. Cómo no se me había ocurrido antes.
Pues estamos a jueves, respondió, suspicaz, el chico, como si se defendiera de una acusación de infidelidad. Estaremos a jueves, insistió ella, pero tú sigues oliendo a martes. Me pregunté si el martes habría sucedido algo especial que a ella le hubiera disgustado, pero a lo que él permaneciera enganchado por alguna razón de orden sentimental.
En esto, llegó mi gin-tonic, revolví los cubitos de hielo y di el primer sorbo, que es el mejor (si no resultara una extravagancia carísima, pediría varios gin-tonics sucesivos de los que sólo aprovecharía el primer trago). Mientras el combinado atravesaba mi garganta, produciendo una euforia ligera, pero inmediata, en las neuronas, los jóvenes se hundieron en un silencio hosco. ¿Cómo olerían los lunes?, me pregunté yo. A colonia fresca, de baño, sin duda. Me pareció en cambio que los sábados despedirían un aroma pesado, aceitoso, como esos perfumes baratos que dejan manchas en el cuello de la camisa o de la blusa. Pues tú hueles a domingo, dijo él al fin, rompiendo una situación que comenzaba a resultar difícil. ¿A un domingo cualquiera?, preguntó ella. Al domingo que sabes, no disimules, dijo él, y se echaron a reír.
Vivencias, pasiones, experiencias, amores, desencantos, esperanzas y anhelos
lunes, 21 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
Los sueños
Una amiga entrañable decía casi al descuido: "ten cuidado con lo que dices pues arriba alguien puede estar anotando". ¿Sería premonitorio lo del último encuentro? Me gustan las cosas perfectas, me cargan las cosas perfectas. ¿Se puede ser feliz y anhelar?Estoy feliz porque el cielo te haya tomado las palabras, pero lo extraño y aún lo sueño. Aunque no sea su ser odioso y sea la idea de lo que quiero, lo vi subir al carro de otra, haciéndole un cuento a la otra anónima y su felicidad fantasmal me dio más rabia, y tuve que despertar con los labios resecos y el espíritu anhelante. No quiero sucias esperanzas!!! No me lo tomes a mal, estoy feliz, muy feliz por ti pero ahora se me ligan los sentimientos en el millón de cosas pendientes.
Mucho desorden en esta cabeza mía.
A veces quien menos crees te alborota y no está bien.
Aferremonos a lo bueno: playa gratis, buena quincena, tu maría bonita, y ¡el tiempo!!!
¡No quiero sucias esperanzas!!!
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