viernes, 5 de noviembre de 2010

¡Ajá! y ¿entonces?

Las ansiedades nacen en el corazón mismo de las carencias. Cuando se desatan, cuesta mucho atajarlas haciendo inventario de lo que se ha logrado... se consigue eventualmente, pero no a la velocidad con las que se mueven las primeras en tu cabeza, dejándote insomne y con las tripas hechas nudo. Palabras envenenadas, envidia solapada bajo un atractivo empaque de solidaridad maldita, es todo lo que hace falta para que la inquietud se eche a correr. No vale, no quisieras que los demás pudieran lograr esas cosas en tí. Una chica orgullosa se precia de no dejarse inquietar, ni de ser víctima de situaciones tan rastreras como los celos o las intrigas, ¡ah caray! pero tan solo se es humano.
Otra vez vendrá el sueño a darme el abrazo esperado, lo anhelo, son poquitas esas compensaciones.
¡Cuando nada es seguro todo es posible!