lunes, 19 de julio de 2010

Nos gustan los chicos malos

Claro que sí ¡nos gustan los chicos malos! Como el Agosto, con su pinta de "para nada" y su aire de malón, de película de corredera de carros, a lo Vin Diesel pero estilizado, dejándonos suspirando entre sus tatuajes y su cabello full de keratina de la cara.
Claro que sí, estos malandros enloquecen hasta a los más machos, por aquello de proyectarse en las fantasías "adrenalísticas" con persecuciones de carros que arrastran desde la infancia.
Y a nuestro sociedad la derriengan, por eso la sorpresa está (vaya, que alguien menos ingenuo diría que no es sorpresa) en que no es sólo un sujeto de la pantalla, lo conoció mi hermana, como el mejor cliente del jefe raro de la tienda exclusiva, lo conoce el amigo del amigo porque hizo negocios con el primo hermano, que anda en la lista de los que buscan su lomotil endovenoso. Que la mujer, que no es la mujer, es prima hermana cuarta de mi papito, que no anda lejos el mes este, que el vínculo camina por la nuca, porque el que no se metió lo anhela y se lamenta que le falta el valor, aún cuando admite en público de la que se salvó.
Porque ya no nos importa, es la jeepeta a cualquier precio, es la estética con los procedimientos ilimitados, es el paraíso de acceso por tetas gigantescas, es que quiero tener, ¿que no lo entienden? debo tener lo que tiene el hijo del apellido de las vocales, que no sabe cual esfuerzo o cual ajenamiento le costó la fortuna al padre, pero que necesita su "entourage", y el "entourage" necesita tener algo más que el pelito lacio. ¡qué quiero tener! ¿qué no lo entienden? y es que no caigo en ganchos, no es tan malo el chico malo... con su carita de para nada, y el gestico y el porte.
Si no pasa nada, que no pasa ni que se quede el circo, me engancho al próximo bad boy, si no corre la sangre me enamoro del malandrón.
¡Qué nos encantan los chicos malos!

lunes, 12 de julio de 2010

Todos morimos un poco contigo

Vamos rápido, muy rápido, todos los días, con apenas tiempo para lo esencial. ¿Sería pretencioso suponer que unos minutos de conversación contigo habrían espantado un poco los demonios que anidaban en tu mente? Espero que hayas podido encontrar la paz: ¡Descansa en paz!
Cuando muere alguien joven en circunstancias inesperadas, todos morimos un poco, mueren ilusiones, posibilidades y sueños. En tu caso, Eduardo, es más triste: increíblemente sorteaste la muerte del cuerpo, pero no pudiste con la desazón del alma. Lo que nos deja a todos con la impotencia y pensando ¿y si te hubiéramos escuchado con el corazón? ¿ Y si a tiempo hubiéramos sido capaces de entender y de ayudarte a cargar el peso de sentirte inútil? Si hubiéramos pospuesto unos minutos una reunión ¿habríamos podido darnos cuenta? ¿habríamos podido ponernos en tu lugar como lo hacemos 1 millón de horas más tarde?
Deseo que tu alma esté en calma. Que corras libre, lejos del desaliento. ¡Descansa en paz!